Entre los múltiples y presuntos arrebatos coléricos del presidente Donald Trump en los primeros meses de gestión, en su segundo mandato, particularmente aquellos asociados con los migrantes, uno de los más llamativos y curiosos es el que, en estos momentos, lo enfrentan cara a cara con la administración de la universidad estadounidense más prestigiosa, Harvard.

Uno de los objetivos de Trump es coartar la autonomía del plantel respecto a las expresiones de sus estudiantes, acusando a los gestores universitarios de facilitar el antisemitismo y las prácticas liberales.

El gobierno federal liderado por Donald Trump ha intentado intervenir la gestión autónoma de la universidad en cuanto a la contratación de docentes y a la admisión de estudiantes, especialmente cuando unos y otros son extranjeros, ya que el gobierno pretendería depurar la imagen sagrada del campus, excluyendo, del todo, a los no nacidos en el país.

Se conoce oficialmente que se exigió a Harvard desprenderse de estudiantes y catedráticos extranjeros, bajo coerción de retirar los fondos, lo cual ya se ordenó, tras el rechazo de esa posición por parte de las autoridades universitarias. Más de 100 millones de dólares no llegarán este año a la universidad.

Incluso, se habría ordenado, según denuncias realizadas en Chile, que los estudiantes internacionales de posgrado sean transferidos a universidades nacionales menos relevantes que Harvard. También, se habría ordenado a la entidad migratoria del país que retire los visados a los estudiantes extranjeros que no acepten salir, por las ‘buenas’ o ‘malas’, de esa entidad de estudios superiores.